Me encanta Stranger things. No me importa que sea un producto masivo y fácil de digerir. No tiene nada de malo disfrutar de algo popular.

Ahora bien, el hecho de que me guste no significa que no pueda señalarle las fallas. A la hora de escribir guiones uno puede aprender mucho de los errores de otros.

Creo que la serie debería haber terminado en la primera temporada. El motivo es simple: no hay forma de superarla. Cada uno de los elementos presentes allí son exclusivos de esa temporada y no de las siguientes.

Pero primero hablemos de lo bueno de la primera.

Cuando se estrenó todos se engancharon ¿La razón? Tiene elementos muy atractivos: monstruos lovecraftianos, dimensiones paralelas oscuras, etc…

En este sentido la primera temporada está muy bien estructurada. Veamos porque:

Uno: los personajes están bien construidos y las actuaciones son muy buenas. Esto hace que nos encariñemos con los protagonistas. De hecho son lo mejor del show.

Dos: Hay un balance entre los tonos. Se mezclan de manera equilibrada elementos de una comedia dramática adolescente con rasgos del terror de Stephen King

Tres: el ritmo está bien pese a ser un poco rápido para adaptarse a la audiencia que no puede prestar atención más de dos minutos.

Cuatro: la estructura narrativa de varias capas tomada del género policial está bien usada. Hay distintos personajes que investigan por caminos separados durante toda la temporada y al final se juntan en el clímax para resolver el misterio. Todos tienen piezas distintas del rompecabezas y se juntan para armarla.

Ahora bien, ¿por qué debería haber terminado en la primera?

Algo muy ingenioso que la serie tomó de las novelas de Stephen King como “It” y “Cuenta conmigo” es la situación donde un grupo de niños lidia con algo incompresible: hay un misterio.

Durante la primera temporada no tenemos idea de lo que pasa hasta que los personajes lo deducen al final. También hay un elemento de terror al no ver demasiado al monstruo, algo que sucede todo el tiempo en la segunda y tercera temporada.

Luego de la primera temporada ya no hay más misterio. Una vez que vemos al monstruo ya no sentimos miedo. Además ya conocemos y entendemos la naturaleza de los monstruos y, como dice Lovecraft, sólo le tenemos miedo a lo que no entendemos. El mayor miedo es a lo desconocido.

El Show en la primera temporada es terrorífico porque no sabemos que pasa y nos mantienen en vilo hasta el final. Además nos dan la oportunidad de resolver el misterio por nosotros mismos.

En la segunda temporada vemos muchos monstruos y eso ya no es tan interesante. Es el mismo problema que tuvo la segunda película de “Alien”. Igual este film funcionó porque pasaron del género terror cósmico al género comando.

En la temporada tres probaron algo nuevo utilizando la trama del film “Los invasores de cuerpos”. Sin embargo no se supo utilizar el recurso. Los poseídos podrían haber engañado mas a los protagonistas, como en la película, pero en Stranger things los personajes son muy astutos y resuelven todo muy rápido.

Cuando los antagonistas pierden fuerza el conflicto sufre. Los protagonistas ahora son invencibles: entran y salen de laboratorios secretos con mucha facilidad. Ya lo hacían antes pero ahora es medio molesto.

El show debe proponer otros escenarios además del “oh no, el monstruo los va a comer, ¿qué harán?”.

Además, en la tercera temporada, pasan demasiadas cosas y no hay tiempo para desarrollarlas en forma adecuada. Por eso el ritmo se siente más acelerado que de costumbre.

En este sentido la primera temporada está más focalizada porque hay un solo conflicto y todos los personajes trabajan en la misma dirección. En la tercera, en cambio, tenemos tres grupos buscando resolver tres conflictos en vez de uno. Si bien al final convergen la temporada es predecible porque no hay misterios. Esto ocurre porque te muestran a cada momento lo que está pasando.

Al principio de la temporada tres vemos a los rusos intentar abrir el portal y a Billy ser poseído. El resto de los capítulos es ver como los otros personajes se enteran de lo que ya sabemos. No hay nada más para la audiencia por descubrir.

Ese es el problema cuando una serie dura demasiado: si no te vuelves creativo repites las mismas formulas y encima cometes errores que se empiezan a notar cada vez más.

Me encantó en la primera temporada las referencias a los ochenta que usan para manipularnos con las nostalgia. Pero ya no funciona tanto. De hecho ahora las referencias son un poco forzadas.

También el hecho de que comiencen a insertar nuevos personajes prueba que no saben qué hacer con los que ya tienen y, al hacer esto, queda poco tiempo para desarrollar el arco de los protagonistas. La escena de Mike destruyendo su carpa fue una de las mejores desde las primera temporada pero después no se continuó con ese conflicto.

Al parecer los escritores del show sólo se focalizan en los personajes que la audiencia quiere más y descuidan a los otros, como Hopper que ahora sólo tiene dos modalidades: héroe e idiota. Ya no hay evolución, ya no hay matices.

Los mejor de la serie son los personajes. Las escenas más valiosas fueron la de Mike tratando conservar a su grupo de amigos, la de las chicas yendo a comprar ropa y la de la historia sin fin.

Siento que los guionistas creen que pueden descuidar la trama si mantienen a los personajes. Por ejemplo, la historia de los rusos me pareció bastante aburrida para un show que lidia con aspectos paranormales.

Agregar sub tramas solo tiene sentido si se hace bien y con un propósito. Aquí las agregan para rellenar capítulos y temporadas, y ya empieza a notarse.

Quizás no deberían hacerse secuelas de historias de misterio una vez que el misterio ha sido resuelto. O directamente se las puede terminar sin resolver el misterio. Esto es mejor porque deja todo a la imaginación.

También puede haber un nuevo misterio. La serie puede continuar en forma de antología con nuevos personajes y una nueva situación. Eso sí, con el mismo tono de la primera temporada.

Esto lo hace muy bien la serie “True detective”: tres temporadas, tres personajes distintos, tres misterios diferentes y el mismo tono.

Pero como siempre el problema es el marketing: hay millones de productos relacionados con estos personajes y eso es flor de negocio. La serie se volvió demasiado popular para su propio bien.

Como sucedió como las últimas temporadas de “Game of Thrones” vemos venir el síndrome de la telenovela mexicana.

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