Quizá sea porque fue la primera fotografía suya que vi en la contraportada de un libro, pero la imagen que tengo grabada a fuego de Luis Alberto de Cuenca es aquella en la que sale sosteniendo un muñeco de R2-D2, rodeado de figuras de Star Wars y de Tintín, en mitad de una biblioteca convertida en una auténtica fortaleza de libros. Y es que pocos intelectuales como él representan un vínculo tan armonioso entre cultura popular y lo que se suele considerar alta cultura, unas etiquetas que a estas alturas de la película ya empiezan a oler a rancio. Basta con leer su poesía para confirmarlo. En uno de sus poemas más conocidos, «El desayuno», hay referencias a elementos tan dispares como el «White Album» de los Beatles o al poeta griego Homero, enmarcando una experiencia tan cotidiana como puede ser el desayuno en un marco que enlaza con la épica clásica.
Desde hace décadas este intelectual ha desarrollado un interesante trabajo en prensa en defensa y reivindicación del cómic como una forma de expresión cultural y artística legítima. Un trabajo que fue recopilado en 2010 por De Tebeos Ediciones en un volumen titulado Noveno arte, dentro de una colección llamada El Tebeo Contemporáneo.
El conjunto, formado por artículos publicados en prensa cultural (sobre todo en ABC Cultural y ABCD las Artes y las Letras) durante las décadas de los 90 y de los 2000, se ha organizado, obviando la cronología, en siete bloques temáticos: cómic en general, grandes hitos en la historia del cómic, superhéroes, francobelga, autores emparentados al cómic, historietas de nuestro país y humor gráfico. La selección está, además, precedida por una entrevista realizada por Diego Cara Barrionuevo a Luis Alberto de Cuenca en la que el poeta encuadra el libro explicando su propósito. Así mismo, aclara el motivo del título Noveno arte, afirmando que esta denominación ayuda a situar el cómic en el lugar que le corresponde junto al resto de disciplinas artísticas. En palabras del propio poeta: «El cómic es arte secuenciado, como defendía Will Eisner, y la poesía es una de las formas más depuradas de arte. Cada viñeta es un verso, o una estrofa, del poema que es el álbum, o el cuaderno, o la revista de cómics»
Es evidente que Luis Alberto de Cuenca habla de todo aquello que le interesa, en una selección completamente personal y subjetiva y que, como cualquier selección, es susceptible de ser ampliada o mejorada. Sin embargo, su fina pluma logra alinear, en efecto, con la alta cultura lo que por desgracia todavía a día de hoy está considerado por muchos como un divertimento de niños. A pesar de ello, su visión no deja de ser un tanto elitista. Aunque desarrolla la idea muy de pasada y es más significativo casi por lo que calla que por lo que dice, parece que tiende a equiparar el manga, del que solo menciona a Akira, con los bestsellers, como si estos representaran algo así como la comida rápida del cómic.
Otro defecto que se puede señalar es que la mayor parte de los artículos son circunstanciales, ya que fueron escritos como consecuencia del lanzamiento de un libro, del estreno de una película o de algún aniversario. Los análisis son algo superficiales, con un preámbulo extenso aunque sugestivo y poca profundidad sobre la obra en sí, uno o dos párrafos, como corresponde a la superficialidad que permite la prensa. Además, leídos uno detrás de otro, se percibe una cierta repetición, como si el poeta disfrutara repitiendo una y otra vez los mismos tópicos.
A pesar de todo, cada uno de los textos desprende amor por los cómics, y lo hace con un apabullante conocimiento del medio y con una prosa exquisita. Una reivindicación que nunca debería dejar de estar presente en prensa, porque como dice Luis Alberto de Cuenca, «si hay un lenguaje universal es el de los cómics. La torre de Babel nos hurtó a los humanos la capacidad de la lengua, que acaso fuera única en los orígenes de la especie. El tebeo trabaja con imágenes, y las imágenes son de todos los hombres, no conocen fronteras».

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