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Vivimos tiempos inciertos, obligados a parar nuestras vidas y vivir veinticuatro horas entre cuatro paredes. Ya no hay abrazos, no hay besos, no hay tertulias con cerveza fría en terrazas. No hay brindis, no hay celebraciones. Tampoco vermús los domingos al mediodía. No hay fiestas nocturnas, no hay paseos vespertinos por el centro de la ciudad. Se nos ha detenido el reloj y no sabemos cuándo podremos volver a darle cuerda.

Es nuestra gran crisis, esos momentos de la historia que son puntos de inflexión, que cambian sociedades y maneras de vivir. De momento, no sabremos cómo serán esos cambios y nos encontramos en medio del momentum. En casa. Sin salir al exterior más que para lo básico. Con niños, sin niños. Con pareja, sin pareja. Con amigos, sin amigos. Usando las redes sociales y videollamadas como nunca. Nos hemos conectado a niveles inimaginables. Nuestro aislamiento lo es menos gracias a la tecnología.

Todo ha sufrido un vuelco inesperado. También la cultura, obligada a congelarse hasta vete a saber cuándo. La literatura no es una excepción: novedades canceladas, presentaciones pospuestas, librerías cerradas que sólo hacen pedidos (cada vez menos), clubes de lectura suspendidos… pero de períodos oscuros siempre termina surgiendo una luz: autores y autoras que ponen sus trabajos gratuitos durante la cuarentena, presentaciones virtuales, chats con libreros y libreras en los que recomiendan lecturas. El mundo se detiene pero los libros siguen ahí.

Serán días en los que nos acercaremos a nuestras estanterías y haremos varias cosas. Leeremos aquellas novelas que llevan mesas en la sala de espera. Retomaremos aquel libro que dejamos porque no era el momento adecuado. Volveremos a sumergirnos en aquella historia que nos cautivó una vez y prometimos volver a disfrutar algún día. Ahora ese día ha llegado, y tenemos muchos por delante para volver a enamorarnos de las páginas escritas.

Vendrán a nuestra cabeza muchas novelas que narraron en su momento los días que estamos protagonizando. Pensamos en La peste, de Mario Camus; 1984, de George Orwell; The Stand, de Stephen King… hay mil historias distópicas en las que no podemos evitar pensar cuando leemos, vemos o escuchamos las noticias. Las crónicas de posibles futuros serán una de las estrellas de las próximas semanas. Pero no olvidemos a la novela negra, la ficción contemporánea, los clásicos rusos, los tótems de la Europa del siglo XVI… ni siquiera a los best-sellers más planos, pero divertidos.

Marzo es un mes que en nuestra vida rutinaria será un espejismo, un espacio en blanco. Será como despertar de un sueño, uno muy malo, que recordaremos siempre pero del que tal vez aprendamos muchas cosas: que la Sanidad es intocable, que la solidaridad es un valor incalculable. Y que la cultura (en todas sus expresiones) debería tener un lugar mucho más prominente en nuestra sociedad, porque nos salvará de enloquecer en la cuarentena.

Ahora vendrán jornadas muy difíciles, en las que tal vez la negatividad nos domine durante demasiado tiempo; sin embargo hay que buscar siempre el lado bueno de todas las situaciones, por oscuras y difíciles que sean.

La literatura es y debe erigirse como uno de los mejores faros para guiarnos en esta travesía por mares negros.

¡A leer todo el mundo!

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