El Ickabog llega en un momento agridulce para J.K. Rowling y para aquellos que crecimos con su saga laureda, Harry Potter. Por un lado, llega rodeado de las polémicas por las declaraciones de su autora sobre el colectivo trans, algo con lo que difícilmente nadie con un mínimo de conciencia social puede estar de acuerdo; y por otro, por hacerlo en mitad de la pandemia mundial. Precisamente en este contexto, nos cuenta la propia autora, se da la circunstancia de que decide desenterrar esta historia, escrita durante la escritura de Harry Potter, y la pone en acceso gratuito para los niños del mundo durante el confinamiento. Ahora, su edición en papel, editada en castellano, como ya no es norma, por Salamandra, nos presenta un cuidado acabado y las ilustraciones originales de muchos de sus lectores.

 

El reino de Cornucopia era el más feliz del mundo. Tenía oro en abundancia, un rey con unos bigotes magníficos y un montón de carniceros, reposteros y queseros cuyos exquisitos productos hacían que la gente bailara de júbilo cuando los comía. Todo era perfecto, excepto Los Pantanos, la región del norte donde, según la leyenda, vivía el terrorífico ickabog. Sobre ese monstruo, cualquiera con un poco de cabeza sabía que no era más que una fábula que los padres utilizaban para que los niños se portaran bien. Aunque lo extraño de las fábulas es que a veces cobran vida propia…

Pero ¿puede una leyenda derrocar a un rey amado por su pueblo y destruir un reino feliz? ¿Puede embarcar a dos chicos valientes en una aventura que no han buscado y ni siquiera imaginado? Si crees que tienes suficiente valor, adéntrate en las páginas de este libro para averiguarlo…

Una historia que vuelve a los orígenes de Rowling: la fantasía infantil-juvenil. Quizás más infantil esta vez, siendo una narración más ligera y asequible que el primer libro de su conocida saga, lo que hace que leerlo con cierta edad resulte más estimulante si se lee junto a los hijos o hermanos pequeños. La imaginación de Rowling sigue siendo desbordante y la historia del Ickabog no se queda atrás: en capítulos muy cortos nos encontramos un mundo rico en detalles, personajes llenos de vida, y una historia plagada de los tips que hicieron grande a la autora en el pasado: una mezcla entre suspense, fantasía y realismo en la construcción de sus personajes que convierte al lector más pintado en un niño de nuevo.

Quizás la clave del éxito de esta autora británica sea la de nutrir sus libros de historias universales, como pasa con otros clásicos como La historia interminable o El hobbit. El Ickabog tiene bastante de todo esto, pero sin la ambición de una gran saga o un mundo repleto de posibles historias. La simpleza se hace fuerte en una historia que se nota concebida para niños, y su lectura podría encajar de igual manera en las recomendaciones de colegios o en las míticas colecciones de Vicens Vives o El barco de vapor, y su disfrute viene igualmente condicionado por la capacidad que tengamos de abstraernos y volver a disfrutar de estos cuentos. El Ickabog no esconde sus enseñanzas ni que su narración va encaminada a una moraleja final (no como en la citada Harry Potter, cuyos objetivos se centran mayoritariamente en la exploración de las zonas grises), y están, por supuesto, muy alejados de las novelas “para adultos” que firma con o sin seudónimo.

El lector que se acerque a El Ickabog esperando un regreso a las formas de Harry Potter, se va a encontrar una de cal y otra de arena. Primero, porque desde luego hay un eco en la forma adictiva de narrar de la autora; regresar a un mundo de fantasía creado por J.K. Rowling es algo que se nota (y agradece). Sin embargo, como ya señalaba antes, esta es una obra más infantil que La piedra filosofal, lo que puede terminar por cansar a más de uno y una. Enfrentarse a lectura infantiles durante la edad adulta pasa por suprimir cierto cinismo (y, por qué no decirlo, esnobismo) que los lectores solemos tener siempre a punto para el disparo. El Ickabog se deja disfrutar, pero es un libro pensado para los pequeños lectores que están a punto de dar el salto a la literatura juvenil (pensemos, aproximadamente, en los 10 años). Los adultos que lo lean estarán entrando en un terreno que nos les pertenece, y tan solo serán visitantes en un mundo de fantasía. Pero apagado este cinismo, su lectura resulta divertida, e incluso amarga por momento. En El Ickabog no faltan la maldad, la muerte, la tristeza y la perenne lucha por el bien, elementos clave en la obra de Rowling. Por eso, esta obra recoge lo mejor del saber hacer de la autora, resultándome, a título cien por cien personal, una lectura mucho más interesante que Una vacante imprevista (su primer libro para adultos) y que los guiones cinematográficos de la saga Animales fantásticos.

La edición en castellano presenta una elegante tapa dura aderezada con las ilustraciones, a color, de los niños ganadores del concurso de ilustraciones, que pueblan sus páginas de una rica esencia de inocencia y alegría que me vuelve a recordar a mis lecturas en el colegio.

El Ickabog es un hermoso cuento largo que nos engancha y alegra como lo hizo en su día la primera entrega de Harry Potter (siendo la más infantil de todas) y vuelve a demostrar que Rowling es una muy buena escritora que brilla, quizás más que en ningún otro género, cuando escribe para niños. Incluso aunque estos ya sean adultos.

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