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Se dice que cuando la gran biblioteca de Alejandría se incendió los libros tardaron seis meses en arder. No podemos saber si esto es cierto, pero con que solo hubiera un ápice de verdad en esa idea, la perdida cultural para la humanidad habría sido devastadora. Y cuántos incendios y desastres similares nos han privado de obras a lo largo de la historia que se han perdido para siempre. ¿Y si lo que se ha transmitido a través del tiempo es solo una pequeña parte del vasto corpus de literatura y conocimiento que los humanos han creado? ¿Y si las mejores obras de la literatura se hubieran perdido? Este es un viejo temor confirmado ahora por un nuevo estudio.

Este análisis, a cargo de los académicos Mike Kestemont y Folgert Karsdorp, se propuso estimar la tasa de supervivencia de los manuscritos europeos durante la Edad Media. Para ello usaron un modelo estadístico tomado de la ecología denominado «especies invisibles», extrapolando lo que ha sobrevivido para medir cuánto no lo ha hecho. Los resultados, publicados en la revista Science, son concluyentes: el 90% de los manuscritos medievales que conservan narraciones caballerescas y heroicas, por ejemplo los relacionados con el Rey Arturo o con Sigurd, se han perdido. Alrededor de un tercio de los manuscritos se han perdido por completo, lo que significa que no queda ningún rastro que conserve las historias que contenían.

Aunque el fuego ha sido la mayor fuerza destructiva de manuscritos por encima de otros desastres, las causas de las pérdidas fueron múltiples, desde la descomposición hasta la reutilización de los manuscritos como material de escritura para textos nuevos, pasando por la censura o simplemente la incompetencia de aquellos que los custodiaban. La ficción narrativa medieval irlandesa e islandesa, por ejemplo, parece haber sobrevivido mucho mejor que la inglesa, porque la práctica de copiar textos a mano persistió durante más tiempo en estos países que en Inglaterra, lo que hizo menos probable que se perdieran para siempre.

Las grandes concentraciones de libros siempre se han formado en los centros de poder, porque de alguna forma lo legitimaban, y cuando los regímenes cambian, a menudo se convierten en daños colaterales a lo largo de la historia. Al fin y al cabo, como señaló el historiador italiano Luciano Canfora en la década de 1980, lo que nos ha llegado no procede de esos centros de poder, sino de lugares marginales, como conventos o de copias privadas dispersas.

Otro problema es el gran volumen de textos. En las tradiciones indias y budistas, por ejemplo, han sobrevivido una gran cantidad de manuscritos pero millones de ellos todavía no han sido estudiados, probablemente porque no hay suficientes académicos con la experiencia adecuada ni las habilidades lingüísticas necesarias para desarrollar ese trabajo.

Es tentador pensar que tras la aparición de la imprenta de tipos móviles, en la Europa del siglo XV, comenzaran a desaparecer menos obras, porque la producción de copias se volvió algo mucho más fácil, pero según David McInnis, de la Univerdad de Melbourne, eso no es necesariamente así. Los desastres siguieron ocurriendo, a pesar de la imprenta, pero es que además no todo llegaba a imprimirse. McInnins estima que las 543 obras que se escribieron entre 1576 y 1642, desde el inicio de los teatros en Londres hasta el cierre de los puritanos, es una pequeñísima parte de lo que se produjo. De cientos de obras no queda ni rastro.

Por desgracia, no podemos consolarnos pensando que las obras que sobrevivieron fueron necesariamente las mejores. Para McInnis, en la mayor parte de los casos las obras perdidas no solo no son inferiores a las que sobrevivieron sino que pueden llegar a ser incluso superiores, o al menos podemos saber que funcionaron mejor en su momento y generaron más dinero. En cualquier caso, juzgar con lo estándares de calidad actuales, ya que nuestro criterio está completamente mediatizado por las obras que sí nos han llegado. Lo que parece claro es que si otras hubieran sido los millones de obras que se hubieran destruido a lo largo de la historia, tal vez los nombres con mayúsculas del canon serían hoy otros. Visto desde ese punto de vista, la grandeza no parece ser más que un puro accidente del azar.

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