Y llegué a Teherán es una roadmovie fascinante relatada en cómic: una novela gráfica testimonial que fluctúa entre la literatura de viajes y el diario y que narra en primera persona las aventuras de su autora, Isabel del Real, a lo largo de un año recorriendo el mundo en bicicleta. El objetivo: emular la Ruta de la Seda a pedales y, al mismo tiempo, encontrarse a sí misma en el camino. El contexto: inicios de 2021, por un lado, inmersos en la pandemia de la Covid-19 a nivel internacional, todavía en plena campaña de vacunación y con muchas fronteras nacionales aún cerradas y, por el otro, su autora había terminado la carrera de Derecho y quería tiempo para reflexionar sobre su vida. ¿Qué podría salir mal?
En realidad, nada: si bien se nos muestra las dificultades contextuales y las especificidades con las que se encuentra como mujer joven viajando por su cuenta (en ese momento tenía 23 años), Del Real nos deslumbra con sus aventuras por el mundo, las vivimos a través de sus ojos, concretamente a través de sus recuerdos dibujados y entintados. Y es evidente: es imposible no quedar deslumbrada y querer unirse a ella.
Este cómic es el resultado de ese viaje de 15000 kilómetros, originalmente titulado Plouheran: À vélo, de la Bretagne à l’Iran y publicado en 2024 por la editorial francesa Éditions Delcourt. Recientemente, en marzo de 2025, ha llegado a nuestro mercado editorial de la mano de Hachette (Grupo Anaya) en su colección de cómics, con traducción a cargo de Ana Belén Fletes Valera. Y a mí, en julio de 2025, esta novela gráfica me ha creado dos necesidades: irme de mochilera por el mundo (lo de la bici lo veo más complicado), y seguir devorando cómics de viajes.
Isabel del Real, nacida en San Francisco, de nacionalidad francesa y padre español se crió en Bretaña y estudió Derecho y no es hasta este viaje de 15000 kilómetros cuando desarrolló el dibujo como un medio de relato, es decir, no se dedicaba profesionalmente a ello, era un arte que quería aprender y, más tarde, perfeccionar. Es más, a lo largo del cómic insiste en numerosas ocasiones en esta “necesidad” de dibujar para dejar registro, para dejar constancia de sus vivencias.
Efectivamente, lo ha conseguido: con un dibujo y un estilo muy inspirado en la bd francobelga, Del Real distribuye su viaje en una serie de capítulos siempre precedidos de un cartucho grande a modo de título que permite compartimentar sus recuerdos y los espacios que transita en una bicicleta que se confeccionó por sí misma, a piezas: “En diciembre de 2020, reuní todas las piezas para montar una bici de acero, sólida, fácil de montar y de reparar. Elegí un cuadro azul oscuro fantástico”.
La autora sitúa el punto de partida en febrero de 2021 en Plouër (Francia) y el punto final en la gran metrópolis y capital de Irán, Teherán, tras haber vivido un trayecto iniciático por los Pirineos. Es entonces cuando inicia EL viaje, en mayúsculas, que ha decidido compartir con nosotros: recorremos con ella Italia, los Balcanes, Grecia, Turquía, Armenia… y en el trayecto nos presenta también las lecturas que le acompañan en el periplo, véase “El libro de las maravillas del Mundo” de Marco Polo, “Navegando en solitario alrededor del mundo” de Joshua Slocum, lecturas de mundos de fantasía como “El retorno del Rey” de J.R.R Tolkien y obras de carácter más filosófico y de descubrimiento como “El deseo de ser inútil” de Hugo Pratt o “La campana de cristal” de Sylvia Plath. Asimismo, la música también se erige como banda sonora que le acompaña durante su viaje, especialmente cantantes francobelgas como Angèle o podcasts como los de FranceCulture.
Asimismo, con este cómic nadie diría que Isabel del Real no dibujara previamente: los espacios arquitectónicos, las ciudades, los paisajes… están realizados con un detalle envidiable y con un encanto evocador que nos traslada al lugar ipso facto. Así lo he sentido yo como lectora al ver representados algunos de los destinos que me han acompañado a lo largo de mis viajes. De alguna forma, la autora francesa consigue trasladarnos visualmente al lugar, pero también emocionalmente, a través de los detalles, de las conversaciones, de sus sensaciones. De hecho, en este punto, en el punto final de la aventura cuando llega a Teherán, me activaron todos mis recuerdos de cuando estuve allí en febrero de 2018: casi podía oler las comidas, escuchar los ruidos ensordecedores del tráfico teheraní y volver a sentir la hospitalidad de los iraníes, incluida la práctica de cortesía del taroof. Además, hubo un detalle que decide incorporar en sus recuerdos en Irán y que me sacó una gran sonrisa por también estar en los míos: cómo escucha y canta a voces “Despacito” de Luis Fonsi, en el coche de unos amigos del lugar.
Porque así es, los protagonistas de sus viajes son los locales, sus historias y la Historia de sus países, su cultura, su gastronomía (nos va a acompañar en cada uno de los destinos), su humor y su hospitalidad. También lo son aquellas amistades que hace en el camino, compañeros de aventuras a pedales con los que vive gran parte de los trayectos que no hace en solitario: Sebastiano, Louis, Jérémy, Bertille, Clémence o Antoine.
En definitiva, Y llegué a Teherán es un cómic vibrante, que se disfruta y se lee deseando que no termine para continuar viajando con su protagonista. Un cómic cartoné muy cuidado en su edición que se merece un lugar entre tus libros de viaje y que te guiará a recorrer mundo desde tu sillón y a pensar que las decisiones son nuestras y de nadie más. Dar el paso de conocer en persona el mundo que nos rodea, como se atrevió Isabel del Real, ya es decisión de cada uno de sus lectores y lectoras.





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