Los ojos bizcos del sol es la trilogía de Emilio Bueso que tanto ha dado que hablar en el fandom español en los últimos años. Edita Gigamesh, conocidos por esa piedra angular de la subcultura friki que se asienta en el centro de Barcelona, y por traer hasta España sagas tan importantes como Canción de Hielo y Fuego y ser abanderada de autores de la talla de Tim Powers, Ian Watson o Richard Morgan. Emilio Bueso viene desde Castellón y trae bajo el brazo un puñado de novelas editadas entre Salto de Página y Valdemar, de las cuales quizás las más conocidas sean Cenital y Esta noche arderá el cielo y la recopilación de cuentos Ahora intenta dormir.

Para reseñar una trilogía, lo más importante es empezar por el contexto. He leído de golpe los tres volúmenes: Transcrepuscular, Antisolar y Subsolar, el último de los cuales se ha editado recientemente. Y lo he hecho para tener una clara visión del conjunto, para poder hablar de la saga y de los libros de forma individual, pero también para hablar del fenómeno. Y es que la publicación de esta trilogía viene rodeada de cierto bombo y platillo: ediciones oro y plata, distintas portadas, adaptación al cómic y un precio ciertamente prohibitivo para según que bolsillo. Unas ediciones de lujo que permiten a editor y autor tirar hacia delante con las modestas ventas que vende un autor del fandom, pero que también revisten de lujo unas publicaciones que tienen algo de especial. Claro que Gigamesh había editado a españoles antes; no muchos, pero no puedo olvidarme de Rafael Marín y la estupenda reedición de Lágrimas de luz. En esta nueva colección y etapa editorial, Gigamesh se viste de gala para traernos una trilogía de fantasía, de ciencia ficción, sucia, deslenguada y llena de aventura.

Una trilogía llena de sorpresas de la que vamos a hablar.

Sin spoilers, descuiden.

Transcrepuscular

El libro que arranca, el inicio de este viaje, es Transcrepuscular. Todo comienza con una noche, un robo, una reliquia y un mundo frío y simbiótico:

Esta es la historia de una búsqueda que arranca con el canto de los caracoles para viajar más allá del ocaso, de los huertos surcados por escarabajos de tiro, de los refugios de tormentas, los funcionarios simbióticos, los establos de las libélulas, los templos de cristal de los animistas, los círculos de dólmenes de los astrólogos, las cuevas de hielo siete y los bosques de helechos plagados de arañas gigantes. Dejaremos atrás el trazado siempre rectilíneo de las vías del tren que anilla el mundo para rebasar los últimos monolitos y alcanzar unas latitudes en las que nunca ha salido el sol. Nos iremos mucho más lejos de lo que ningún hombre cuerdo haya podido imaginar, huyendo para salvar nuestras vidas, en busca de una misteriosa reliquia y respuestas a las preguntas que ya nadie comprende.

Una aventura que lanza al lector a un mundo desconocido, cuyas reglas el autor establece con soltura, con ricas y concisas descripciones, sorprendiendo a cada página y demostrando una imaginación fabulosa. He leído en profundidad a Bueso y su despliegue de worldbuilding en Transcrepuscular me ha sorprendido gratamente. Los personajes funcionan como falsos arquetipos, la narración es audaz, deslenguada, ligera y avanza siempre hacia delante, sin hacer prisioneros. Aquí se establecen muchos de los códigos, misterios y personajes que vertebran la trilogía. Hace su aparición el Trapo, el mejor y más interesante personaje de todos; conoceremos las motivaciones del Alguacil, y algunas pinceladas del mundo en que nos establecemos (un mundo que, desde ya adelanto, da pistas pero pocas respuestas claras sobre su naturaleza).

Los capítulos son realmente cortos (algunos de una sola página) y la lectura resulta trepidante, en la línea de lo que hizo Bueso en Cenital y Esta noche arderá el cielo en lo que a voz narrativa se refiere, pero con mucha elegancia, componiendo las más de las veces algunas frases llenas de poesía que describen lo más sórdido de un mundo lleno de caracoles, babosas, suciedad y miseria. De esto tendrá buena culpa, como el propio autor no tiene problema en reconocer, la labor de edición de Alejo Cuervo, uno de esos pocos editores que quedan en nuestro país que se mete en el texto hasta las rodillas para quitarle la porquería y dejar que reluzcan las piedras preciosas.

Sé de lo que hablo.

Como punto de inicio, tengo poquísimas pegas de Transcrepuscular, sobre todo porque necesitaremos avanzar en la lectura para establecer si algunas de estas son pegas o trampas que el autor nos está poniendo (y así acaba siendo). La principal es el título, que se extiende al título de la trilogía: no es caprichoso, tiene su porqué, pero no me puedo dejar de imaginar los buenos títulos que hubieran sido para los tres libros las zonas que se visitan en cada uno: El círculo crepuscular, El agujero del mundo y El desierto del mediodía. A veces a Emilio Bueso le gusta chulear, y en este caso se nota poco en el texto, pero mucho en los títulos.

Antisolar

Y pasamos a la secuela directa, el nudo de la trilogía, la parte central, y mi favorita. He leído pocas reseñas (para no sentirme influenciado), pero en algunas he oído más comentarios negativos sobre esta segunda. ¿Qué nos encontramos más allá de la zona conocida de este mundo tan extraño?

Esta es la crónica de cómo viajamos hasta la cara oculta del mundo para alcanzar lo más hondo del Agujero. De cómo hicimos para atravesar latitudes donde jamás ha llegado la luz del sol, donde la oscuridad lacera y muerde con la fuerza de los glaciares. Seguimos adentrándonos con determinación en la negrura terminal. Seremos leyenda o pasto de la mente colmena.

Antisolar se ha convertido en mi favorito de la trilogía porque profundiza de verdad en las motivaciones de los personajes, porque tiene menos escenas de acción, pero están mejor narradas, y porque vemos la luz al final del túnel. Parece que por fin hay algo y que los personajes no van avanzando simplemente a fuerza de huir hacia delante. Nos encontramos con tímidas respuestas a algunos eventos del anterior libro, pero solo si somos capaces de interpretar ciertas cosas. El Alguacil adquiere, junto con su nombre, nueva entidad y su personalidad se va definiendo. Del mismo modo, se incorporan nuevos personajes: Wing Melin y Pico Ocho, mis favoritas. Y, por supuesto, el Trapo adquiere un cariz que va más allá de lo meramente cómico. En esta secuela nos encontramos, quizás, con la parte más ciencia ficción de la trilogía, tal vez por eso es que me gusta tanto, y su prosa goza de la misma soltura que en la anterior, pero mejor. Describe un mundo bello, lleno de matices, momentos verdaderamente sense of wonder, otros increíblemente repugnantes (en el mejor de los sentidos).

Antisolar goza, además, de unos diálogos tan bien escritos que parece puro teatro. Y, de hecho, está lleno de humor. Un humor negro que ya se encontraba bien representado en su predecesor, pero que aquí hace genuinamente reír al lector, en una especie de Terry Pratchett con mala baba, deslenguado y lleno de cinismo. Los diálogos con Pico Ocho me hicieron carcajear sin disimulo; el Trapo se vuelve más ácido, mientras que el Alguacil adquiere el papel, por fin, de héroe de la historia, algo que hasta el épico final de Transcrepuscularestaba en tela de juicio. La lectura de Antisolar me ha parecido más satisfactoria, divertida, épica y redonda que el anterior (siendo que me encantó Transcrepuscular).

Subsolar

Y la trilogía termina. El lanzamiento de Subsolar ha tenido que bregar con la pandemia del COVID, aguardar agazapado hasta encontrar el momento. Y 2020 era el momento (o quizás no hubiera otro). La tercera y última entrega promete en su sinopsis más acción, un épico desenlace y respuestas a algunas preguntas. ¿Lo logra?

Esta es la historia de cómo reunimos a las huestes de los pueblos libres para arrasar la gran colonia. De cómo recorrimos el desierto del mediodía en una caravana de escorpiones, en una alfombra voladora, en el Desert Express o surcando las corrientes freáticas que conectan los oasis. Y de la batalla del amanecer eterno, que remató nuestro periplo con gloria y muerte, y que trató de cambiarlo todo para siempre. 

Y si Antisolar fue mi lectura preferida de esta trilogía, Subsolar es el que menos me gusta. Y lo es porque hace lo mismo que su predecesor: establece nuevos escenarios, nuevos personajes, diálogos humorísticos… Y se olvida de que hay que cerrar las cosas hasta la mitad de la novela.

En sus casi 400 páginas, Subsolar se vuelve muy continuista con respecto a sus dos obras anteriores. Claro que Emilio Bueso experimenta en esta trilogía y no se adhiere a convencionalismos, pero la estructura en tres actos promete una serie de cosas que el autor no parece dispuesto a cumplir. Desde los primeros capítulos que los personajes pasan bebiendo en un bar, hasta los tímidos conatos de enfrentarse con la amenaza que pone una espada de Damocles sobre ellos y su mundo, todo sucede con demasiada pereza, dejando claro que a Bueso le apetece más seguir explorando con calma su mundo y a los personajes antes que encarar todo hacia una batalla final. Algo demasiado mainstream en la fantasía, pero por algo lo es.

El anticlímax que establece el autor en anteriores libros está tan bien conseguido que el lector no parece a dónde vamos a llegar. Pero esto cambia cuando nos encontramos con la tercera entrega: primero por que ya me he leído 800 páginas de esos, y segundo porque toda trama tiene que ir a algún lugar. Finalmente los personajes se encaminan, hay despedidas, hay tensión… Y un final, también, anticlimático. Sí, los personajes se infiltran en la boca del lobo; sí, se enfrentan a un villano (que antes era algo abstracto y toma forma en Subsolar), pero todo sucede de forma apresurada, todo bajo el filtro de lo absurdo, casi los esperpéntico, pasando por encima de las escenas de acción, hablando de forma superficial de lo que sucede extramuros. El resultado es un final algo descafeinado y desinflado que no hace mucha justicia al mundo que ha creado.

Los ojos bizcos del sol, una hermosa rara avis

Los ojos bizcos del sol es, probablemente, lo mejor que ha escrito Emilio Bueso. Una trilogía sobre un mundo de fantasía que cambia las monturas por caracoles, las águilas por libélulas y los dragones por serpientes. Los caballeros por espadachines y las ciudades por asentamientos interplanetarios. A nivel de conjunto, de obra total (pues así se concibió), es original como pocas, una de las más originales que he leído nunca, y crea un mundo incontestable, unos personajes profundos como pocas veces nos ha regalado el autor y pone al autor bien lejos de su zona de confort. El resultado es una trilogía que está dando mucho que hablar, y con razón: un proyecto arriesgado, intenso, donde se nota que el autor ha disfrutado verdaderamente escribiendo, que se lo ha dejado todo, y se agradece. Venía cansándome de la impostura de Bueso; de sus historias llenas de voz y pasión pero con agujeros por todas partes. Aquí no se ha dejado nada a la casualidad y Los ojos bizcos del sol es una obra que se nota trabajada, cuidada, y que va a recibir una adaptación al cómic próximamente pero que se merece un videojuego, una serie de cómics, spin-offs, fanfics y serie. Porque está llena de detalles, está endiabladamente bien escrita y sabe muy bien lo que se hace. Sinceramente, me parece mucho más redonda y original que otras fantasías épicas que se editan hoy día y gozan de legiones de seguidores.

Adelanto del cómic adaptación de la novela, obra de Jordi Pastor  

De su fenómeno a nivel editorial, lo cierto es que poco puedo hablar. Las he leído en formato bolsillo, edición para prensa y digital, por lo que he llegado tarde a la fiesta de las tapas duras, las portadas de distintos bichos y el oro y la plata. No sé, tampoco me interesa demasiado, las ediciones de bolsillo me parecen encantadoras y con eso me vale.

Todo en la carrera de Emilio Bueso parecía encaminarse hacia esto, y menos mal. Incluso con el bajón que pega el final (y estoy seguro que habrá lectores que difieran con esto), la trilogía se merece todas las reverencias que se le hacen. Es un golpe en la mesa contundente, demuestra que a veces explorar las vías menos transitadas y desmarcarse de lo laureado, es una buena forma de destacar. Los ojos bizcos del sol (como odio este título) es fantasía, es ciencia ficción, es humor, acción, aventura y juerga. Elevad al sol vuestras rádulas, dejaos habitar.

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