Tras el apocalipsis nuclear nada será lo que parece bajo las ruinas de Moscú. Artyom no es solo un soldado joven e inexperto, Hunter no es solo un stalker cualquiera, y la VDNKh, la estación en la que se inicia la acción de ‘Metro 2033’ (2009), no es solo una estación aislada al norte de la red ferroviaria del metro de Moscú. Y, desde luego, los ‘negros’ no son lo que parecen.

Metro 2033, de Dmitri Glujovski

Sobre la novela de éxito de Dmitri Glujovski se han escrito ríos de tinta. Tuvo dos desafortunadas secuelas, tituladas ‘Metro 2034’ (2009) y ‘Metro 2035’ (2016), pero su universo ha logrado abrirse camino a través de una larga saga de videojuegos (Metro 2033 uno y dos, Metro: Last Light, Metro Redux, Metro: Last Light Redux y Metro Exodus). Es obvio que la imaginación de Glujovski está soterrada.

Metro 2033 es una novela oscura, siniestra, en la que el lector se adentra en túneles de una humanidad casi tan deforme como los monstruos radioactivos que acechan en la superficie y reptan tras las paredes de las líneas. El escenario del desconcierto es el metro moscovita del año 2033, dos décadas después de que un accidente nuclear mundial arrasase la superficie.

Después de todo este tiempo, los restos de la sociedad rusa se arrastran en la oscuridad, canibalizando lo poco que queda de su antiguo esplendor. Todo es incertidumbre más allá del brillo de las linternas y antorchas. ¿Qué ha sido ese sonido de alas? ¿Qué hay más allá de la estación? ¿Qué son los ‘negros’, esos humanoides que corren desde los túneles intentando irrumpir en la VDNKh?

La novela de Glujovski nos transporta a un mundo de un realismo terrorífico en el que el lector tiene que ir recomponiendo las piezas del puzzle de la historia a través de los ojos de Artyom, un joven soldado nacido poco antes del holocausto nuclear y salvado de milagro. Cada capítulo es una prueba. Cada conversación, una partida de ajedrez. Y en el extremo del túnel, solo oscuridad.

Metro 2033, de Dmitri Glujovski libro mapa

La humanidad restante es siniestra, lúgubre, moribunda. Dividida en facciones como la Hansa, que controla la línea circular moscovita; el Cuarto Reich, neonazis ubicados bajo el corazón de la ciudad; o la Línea Roja, que atraviesa en diagonal lo que queda de la ciudad, la mejor representación de la misma es un magnífico plano de metro tras las contraportadas del libro.

En esta representación se observa la estratificación de toda una generación. Los conflictos internos, la desesperación, la organización de las personas, y sus miedos. En los límites de algunas estaciones se escucha el silencio de la muerte o, peor, los arañazos, aullidos y aleteos de aquellos animales que no murieron. De aquellos que mutaron en ratas gigantes o bestias aladas.

Metro 2033 es una fantástica novela que engancha al lector desde la primera página y lo arrastra y empuja a través de los túneles, de los trueques, de las ocasionales batallas e incluso a través de una superficie radioactiva arrasada convertida en erial. Hace más de una década de la obra maestra de Glujovski, pero no ha envejecido ni un día.

metro 2033

Imágenes | Marcos Martínez

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