Todo el odio que tenía dentro es la nueva novela de Servando Rocha, editada por La Felguera, quizás la editorial más interesante en el panorama en castellano. Servando Rocha es, al mismo tiempo, uno de los autores más personales, peculiares y originales que se puede encontrar el lector en el mismo idioma. Aunque Todo el odio que tenía dentro tiene más de crónica que de novela, siguiendo la estela de A sangre fría, reconstruyendo la historia del boxeador Dum Dum Pachecho, pero también de las bandas callejeras de jóvenes criminales de los sesenta en adelante. Y, de paso, compone una nueva capa de la historia de la ciudad de Madrid, que tanto parece obsesionar (en el mejor sentido) a esta editorial:

A comienzos de los sesenta, tras el estreno de West Side Story, una generación de chavales de la periferia madrileña llenos de ira y con estiletes en los botines, toma las calles e imita a las pandillas de la película. Bailan en los pasillos del cine, agreden a transeúntes, roban coches, huyen de la policía y protagonizan verdaderas batallas campales con otras bandas. «La misteriosa banda suburbial de los Ojos Negros, de la que todos hablaban —cuenta Moncho Alpuente—, ocupaba el primer puesto de la lista de chicos malos». Ángel Luis —una especie de cheyene castizo que hace de extra en películas de indios y vaqueros—, líder absoluto de los Ojos Negros, es una figura colosal temida por todos. Dum Dum Pacheco, delincuente juvenil, legionario y miembro de la banda, se convierte en uno de los boxeadores más famosos, y también peligrosos, que sale de prisión y combate vigilado por agentes. A partir de su vida («Entonces solo tenía tres ídolos: Hernán Cortés, Franco y Elvis Presley», afirma) descubrimos una historia mayor: la historia jamás contada de la España brutalista, desde la posguerra y el franquismo hasta la llegada de la democracia.

Los libros de La Felguera, y en particular los de Servando Rocha, siempre son interesantes. Hacen equilibrios en la cuerda floja entre la divulgación histórica, la paleontología de las ciudades y movimientos sociales y la recuperación histórica de documentos, fotografías y demás parafernalia sobre algunos de los episodios más desconocidos. Es la primera vez, eso sí, que leo un libro suyo tan decidido a componer una estructura de novela. Una narrativa, digamos, más tradicional. Y es que tras un trabajo de documentación que ha durado años y ha implicado viajes, entrevistas y una exhaustiva búsqueda del tesoro por archivos y barrios de toda la vida, el autor decide ponerse frente al público y hablar con propia voz: nos coloca en situación, se permite dar alguna que otra opinión, nos habla del proceso, nos describe de primera mano lugares y personas… En definitiva, no es una suerte de voz en off que se limita a soltar hechos insólitos ni aprovechan escritos de la época rescatados. Esta vez, Servando Rocha habla directamente al lector y dialoga con las personas que vivieron en el turbulento Madrid de la época.

Por momentos, parece que nos hemos transportado a la película Navajeros (Eloy de la Iglesia, 1980). Madrid, sus barrios, su gente. Todo lo que suele gustar de estos libros de La Felguera está ahí: la descripción de lo insólito, la búsqueda de las historias en primera persona, el foco en los protagonistas. Aunque la narración en primera persona despista muchas veces. Por un lado, porque la mayor parte de la narración se desarrolla desde la omnisciencia que da hablar del pasado desde el presente; por otro, porque los momentos en que el autor/protagonista se permite hablar casi siempre lo hace como introducción fría a los temas que van a desarrollar las personas que vivieron aquello que se narra. Pero esto no siempre es así: muchas veces, el autor parece haberse ausentado y dejar que otros hablen, y en otras ocasiones, se acotan las palabras exactas de la persona, desligándolas de la narración que se está llevando a cabo. Parece, pues, que el autor no termina de decidir hasta qué punto quiere que se note su presencia: como si no pudiera evitar mostrarse, pero al mismo tiempo quisiera dejar el protagonismo en quienes entrevista. ¿El resultado? Un libro a medio camino entre la novela en primera persona y el ensayo histórico-social al que nos tienen tan acostumbrados La Felguera.

Todo el odio que tenía dentro es la historia de Dum Dum Pachecho, pero curiosamente durante el primer centenar de páginas él casi no aparece. Se emplea un buen tiempo en contextualizar la ciudad, las bandas callejeras, hablar de otros, de quienes lo conocieron, de quienes oyeron hablar de él. Pachecho, como personaje y como objeto de estudio, no cobra verdadera fuerza hasta el segundo tercio del libro, cuando se da paso a la narración de su vida adulta. Aquí es donde llega lo verdaderamente interesante y donde la historia nos golpea en la cara. En mi caso, no viví nada de lo que se narra y no he podido por menos sorprenderme enormemente de lo que se cuenta de una ciudad que conozco de toda mi vida. En esto, el factor sorpresa se mantiene intacto con respecto a lo que hace interesantes (e indispensables) a los libros de esta editorial. Hay un notable interés por la psicogeografía, y Servando Rocha bien puede ser el mejor exponente en castellano de Iain Sinclair.

El cambio de estilos, la utilización de la primera persona, lo alejan un poco de los otros libros que he leído (teniendo en cuenta que no he leído todos los libros firmados por Servando Rocha, claro), y supone una visión bastante más personal. Como señalaba antes, una crónica, con todo lo que conlleva. Por momentos, sobre todo en el primer centenar de páginas, avanza bastante lento y va cobrando fuerza poco a poco. Es como un combate de boxeo: los primeros capítulos parecen el momento en que los dos púgiles se tantean. A partir de la mitad, es todo o nada. La narración golpea con locura. Retrata una época, bucea en los bajos fondos y arrastra al lector por el fango. Algunas de las historias que se narran son realmente duras, por momentos la lectura es descorazonadora, pero mantiene un buen equilibrio con algo de humor chabacano, casi surrealista, de ese que solo puede salir de la vida misma.

Como contrapunto, apuntar que me hubiera gustado disfrutar de más material fotográfico. La Felguera nos tiene demasiado acostumbrados a esto: recuerdo la lectura de Algunas cosas oscuras y peligrosas, también firmado por Rocha, y no puedo evitar echar de menos toda esa locura gráfica que acompañaba de forma tan sublime los textos.

Una novela-crónica apabullante, llena de historia tragicómicas, de momentos surrealistas, de una época que se trabaja poco ya hoy día. Solo La Felguera es capaz de devolvernos con enorme interés estas historias, y solo un autor como Servando Rocha podría llevar a cabo tamaña labor de documentación y condensación. Un libro muy interesante, un personaje que parece sacado de una película y una ciudad irreconocible.

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