Hace unos años, entre 2014 y 2015, publiqué tres libros. No, no son buenos y no los enlazaré, porque además hoy vengo a hablaros de algo distinto a la publicación en sí: los ingresos. Hacia 2013 empecé a leer mucho sobre ingresos pasivos. La idea de disponer ingresos recurrentes me pareció fantástica. Cinco años después, sigo ingresando unos 30 euros mensuales en concepto de regalías. Es el equivalente a trabajar una hora mensual, más o menos. Así ha sido mi experiencia publicando libros, errores incluidos.

La curva de ventas de libros e ingresos suele tener forma de cuchara bocabajo: muchas ventas al principio, y tras un rápido declive unas pocas ventas cada pocos días durante muchos años. Algo parecido a la figura que se muestra abajo, especialmente si no pones absolutamente nada de tu parte para reflotar la curva o despertar de nuevo a tus posibles lectores. Aunque incluso esta dejadez puede tener sus ventajas a largo plazo.

cuchara boca abajo

Empezando a vender libros en junio de 2014, el pico de ventas lo tuve en enero de 2015, apenas unos meses después. Eso sí, ha habido otros dos picos (menos pronunciados) cuando saqué el segundo y tercer ejemplar. Desde entonces (febrero de 2016) la curva se ha mantenido plana. Pero, eh, eso son precisamente ingresos pasivos, ¿no? (No, como veremos). Echemos un vistazo a las métricas.

Vendí mis diez primeros libros en julio de 2014, ganando con su venta unos ingresos de 2,7 euros más 4,49 pesos mexicanos (0,20 euros). No fue, lo que se dice, un inicio boyante. Sin embargo, fue un inicio y durante los siguientes doce meses llegué a ingresar hasta 256 euros mensuales en regalías. Luego, todo se desinfló bastante, pero no lo suficiente como para desaparecer. Cada pocas semanas me llegaba un ingreso interesante.

Durante la ‘gran burbuja’ de mis ventas (la cabeza de la cuchara) sumé un total de 1700 euros, aproximadamente. A esto hay que sumar unos ingresos más o menos continuos de unos 30 euros mensuales desde entonces, lo cual tampoco es para tirar cohetes. Pero es algo. A los 1700 euros ‘de golpe’ en los primeros años de ventas hay que sumar este ‘pasivo’ (unos 2160 euros), lo que da un total aproximado de 3860 euros. La gran pregunta es: ¿compensa en horas el esfuerzo que le dediqué?

Mis libros acumulan un total de 23 159, 35 322 y 15 195 palabras. Sumados, no alcanzan las 75 000 palabras. Es decir, son volúmenes muy cortos a los que destiné unas 90, 120 y 35 horas respectivamente. ¿Merece la pena trabajar 245 horas para facturar 3860 euros? 15,7 euros la hora es una cifra que considero baja a la hora de trabajar. Mi media este 2022 ronda los 35 euros por hora, aunque en 2014 estaba en apenas 8,30 euros/hora. (Sí, tengo esos datos).

Esto significa que, desde la perspectiva de 2022, los ingresos que he ido recibiendo con los años no son pasivos: de hecho, ¡me falta hasta dinero! Si hubiese ido trabajando esas horas esos años, habría ganado más. Aunque aquí está la clave: los años de los ‘ingresos pasivos’ yo ya no tenía más tiempo para trabajar. Y comparado con las métricas de 2014, los ingresos pasivos han estado bastante bien.

¿Mi conclusión? Si a día de hoy tuviese que repetir el experimento que supuso escribir tres libros cortos, quizá con estas cifras no me lo plantearía. Aunque es probable que hoy el pico de ventas fuese mayor. Por otro lado, en 2014 yo contaba con muchísimo tiempo libre y escribir suponía un alivio. Ese tiempo que adelanté a los tres libros habría sido improductivo porque no tenía trabajo. Puede considerarse, por tanto, una inversión a largo plazo.

Sin embargo, es importante poner los pies en la tierra y darse cuenta de la enorme complejidad que supone escribir, maquetar y vender libros por unos importes tan bajos. Dada la falta de métricas, desconozco si el resto de los escritores que iniciaron su andadura conmigo han llegado a resultados similares, pero me da la impresión de que escribir tiene sentido si se tiene tiempo y muchas ganas. Como negocio complementario al trabajo diario, quizá no.

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