Hace unos días se viralizó una nueva forma de lectura denominada «lectura biónica». Se trata de un método en el que se trata de facilitar el proceso de lectura guiando a los ojos a través del texto con puntos fijos. En pocas palabras, algunas palabras o partes de palabras se muestran en negrita. Como resultado, el cerebro se enfoca en el texto resaltado, generalmente las partes iniciales de palabras, y completa el resto, haciendo, se supone, que la velocidad de lectura se incremente, ya que el cerebro lee a mayor velocidad que los ojos.

No es la primera vez que se oye hablar sobre métodos para leer más rápido, y probablemente no será la última. Sin embargo, desde su nacimiento, la lectura biónica ha querido distinguirse de otros sistemas de lectura rápida, como por ejemplo Spritz, que se diseñaron sobre todo para leer textos breves y que descomponen por completo el diseño del texto, en lo que se refiere a los márgenes, las líneas, el tamaño de las fuentes o la disposición de las palabras, mostrándolas una a una. La lectura biónica, en cambio, no modifica el formato del texto en cuestiones básicas, sino que afecta únicamente al tipo de fuente, incluyendo el formato en negrita. Es por eso que la lectura biónica en realidad no se vende como un remplazo a la lectura tradicional, sino simplemente una adición.

Aunque la teoría es atractiva, ¿qué sucede finalmente en la práctica? Lo cierto es que en la página oficial, como es lógico, están todos los ejemplos en inglés. Es posible que con este idioma, por su estructura, funcione mejor, pero en español el método parece hacer aguas, no solo no facilitando la lectura sino incluso complicándola o, en el mejor de los casos, haciendo que sea inútil. El resultado final de un texto que ha pasado por el formato de la lectura biónica es un maremagnum de resaltados en negritas que más que hacer que el cerebro vaya más rápido que los ojos lo confunden.

El responsable de esta idea, el tipógrafo suizo Renato Casutt de la empresa Bionic Reading, patentó el concepto y cualquiera puede utilizar su API para integrar este método de lectura en otras aplicaciones y servicios. De hecho, se ofrece una herramienta para transformar a este formato cualquier archivo de texto y ahora uno mismo puede comprobar si la lectura biónica funciona tan bien como dicen, directamente en su navegador.

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