En la actualidad, la lectura es un fenómeno social silencioso, individual y solitario. El espacio que dedicamos a la lectura empuja, en cierto sentido, al aislamiento y la quietud. Buscamos espacios tranquilos para leer, y aquellos que se relacionan con la lectura, como es el caso de las bibliotecas, están atados a la norma del silencio. Aunque no siempre ha sido así. Hubo un tiempo en que la lectura era ruidosa, participativa y comunal. ¿Por qué dejamos de leer en voz alta?

Leer en silencio y ‘para adentro’ es la norma. Hoy en día, a nadie se le ocurriría subirse al transporte público y recitar la lectura, ni siquiera en el tono de voz bajo de una conversación tranquila. La lectura es algo individualista y privado. Incluso en público, se practica en la intimidad hasta el punto de llegar a ocultar el contenido del libro al cubrir sus tapas. En ediciones digitales, ni siquiera es posible ver sus tapas. La lectura es una práctica obscura.

Hubo un tiempo en que la lectura era ruidosa

Haz la prueba. Busca “persona leyendo” en Google y observa las imágenes mostradas. Todo lo que el sistema de búsqueda devuelve son personas solas, a menudo aisladas físicamente de cualquier otra, leyendo en la intimidad de un parque o en un cuarto. Te costará un par de envites de pantalla hacia abajo el dar con algún grupo de lectura, e incluso entonces parecerán compartir libro en silencio. Hemos normalizado una sociedad en la que leer solo cabe si es callado.

Es más, leer en voz alta puede entenderse incluso como algo molesto e invasivo. Una forma de spam sonoro o invasión del espacio personal con un ruido no deseado. Es más que probable que, si un día te sientas en un banco a leer en voz alta, consigas que alguien te mire con malos ojos. Hemos interiorizado que las palabras impresas son algo que debe procesarse dento del cerebro, y solo ser pronunciado en voz alta en casos anecdóticos o puntuales. Aunque no siempre fue así.

Existió un tiempo en que la lectura era abierta y pública. Las bibliotecas de la Antigüedad eran de todo menos lugares tranquilos. No solo era frecuente que todo el mundo leyese en voz alta, también era frecuente tener oyentes e incluso que estos interrumpiesen continuamente la lectura. Lo más curioso de todo esto es que no se está muy seguro de cuánto se dejó de leer en voz alta y cuándo se empezó a leer hacia dentro. Los historiadores tienen algunas hipótesis.

Algunas de ellas indican que los signos de puntuación a partir del siglo IX, unidos a la aparición de mayúsculas y otras formas de hacer los textos más legibles, ayudaron mucho a que se pudiese leer en voz baja. Leer para dentro es complicado cuando no sabes dónde acaba una frase o dónde empieza un párrafo, de forma que la propia vocalización (y quizá escucha activa de oyentes) constituía un bastón importante. ¿Lo curioso? Leer en voz alta tiene importantes ventajas.

Se sabe que la lectura en voz alta ayuda a la comprensión lectora y también a la retentiva. Se llama efecto de producción. También es conocido un efecto de socialización y cercanía. La lectura en voz alta con oyentes se relaciona con un mayor bienestar y fomenta la participación activa. Por desgracia, la lectura en voz alta es demasiado lenta. Leer hacia dentro sigue mucho mejor la velocidad de pensamiento humano, y se adapta mejor a nuestro tiempo.

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