Diseño de cubierta: Doogie Horner

Hace poco pude traer a los lectores una interesante entrevista con Grady Hendrix, el que, en mi opinión, es el gran renovador de la literatura de terror que nos llega de los Estados Unidos. Minotauro está trayendo en castellano la bibliografía del autor y ahora le toca el turno a Vendimos nuestras almas, una novela sobre el poder del rock and roll.

Todas las mañanas, Kris Pulaski se despierta en medio de un infierno. En los 90, era la guitarrista solista de Dürt Würk, un grupo de heavy metal que rozó el éxito con los dedos hasta que el cantante principal, Terry Hunt, emprendió una carrera en solitario que lo lanzó al estrellato y dejó que sus compañeros se pudrieran en la irrelevancia.

Ahora Kris trabaja como gerente nocturna del Best Western; está agotada, arruinada y deprimida. Sin embargo, un día todo cambia: un sobrecogedor acto violento pone su vida patas arriba, y comienza a sospechar que Terry no solo saboteó la banda.

Kris se lanza a la carretera con la esperanza de reunir a Dürt Würk y enfrentarse al hombre que le arruinó la vida. Su viaje la llevará desde el cinturón industrial de Pensilvania hasta un satánico festival de música, pasando por un centro de rehabilitación para celebridades.

 

Y, como bien sabrán quienes acostumbren a leer mis reseñas, me encanta Grady Hendrix. Todo lo que le he leído me ha parecido sublime: divertido, sin pretensiones, sin complejos. Pura diversión y buenos personajes. Tomando algunos de los tropos más manidos de la literatura de terror, Hendrix logra darles una vuelta a estos temas y darnos algo interesante y novedoso.

Me temo que esto no es lo que me ha inspirado Vendimos nuestras almas.

Voy a acatar la reseña con una sola sentencia: no me ha gustado la novela. Y es una lástima, porque tiene muchos elementos que, por separado, me gustan. Sin ir más lejos, el tema del rock and roll como telón de fondo para una novela de género es algo que firmo cuando quieran. Pero esos elementos juntos pierden fuerza.

Vendimos nuestras almas es una carta de amor al rock y el heavy metal (no solo la protagonista es la ex guitarrista de un grupo que tuvo el éxito al alcance de la mano, sino que cada capítulo lleva el nombre de una famosa canción de heavy y la misma trama de la novela gira en torno a la música), pero también es una carta de amor a otra novela injustamente olvidada: The Armaggeddon Rag de George R.R. Martin. La novela que hundió al autor y lo mandó de vuelta a la televisión durante una larga década en que no publicó ninguna, gestando lo que acabaría siendo su exitosa Canción de hielo y fuego, era una gran novela de género y rock and roll. Una trama que parte de puntos parecidos, además: un grupo que se disgregó, un personaje que busca desvelar el pasado y una trama sobrenatural que amenaza el mundo. Y sólo la música puede salvarnos. No me extraña que Grady Hendrix se haya metido en este laberinto: si alguien podía hacero bien, era él.

Ahora bien, ¿por qué no me ha gustado Vendimos nuestras almas? Bueno; los personajes me han gustado y el libro tiene el ritmo y la prosa clásicos de Hendrix. El autor es un maestro en el desarrollo de tramas y la construcción de personajes. El gran problema de Vendimos nuestras almas diría que es la falta de concreción: la trama está muy estirada. Si tomáramos la trama y la resumiéramos, nos quedaría poco más que un cuento. Esto podría no ser un problema si el desarrollo de personajes complementara todo lo demás, pero tampoco es el caso. Apenas se nos dan unas pinceladas sobre ellos, todos los datos que se aportan tienen que ver con la trama y a dónde debe dirigirse esta, incluso guardándose detalles para que caigamos en sorpresas que son innecesarias y poco inspiradas. Por otro lado, el elemento sobrenatural tarda demasiado en aparecer. Gran parte de la novela puede pasar por una narración poco trascendente sobre hacerse mayor y renunciar a los sueños. Y no de las mejores que me haya encontrado. Para cuando los lectores descubren realmente qué está sucediendo, todo termina. La narración es monótona y avanza renqueando, sin tener claro si quiere ser una road movie, una cínica narración sobre cómo la sociedad te hace renunciar a lo que más quieres, una novela sobre el fin del mundo… O nada de eso en absoluto. Y el mejor ejemplo de cómo afecta esta falta de concreción en la lectura es que una novela de apenas trescientas páginas se me ha hecho larga, muy larga. El final pasa sin pena ni gloria y, mucho me temo, que deja poco poso.

Una vez más nos encontramos con una traducción deficiente: un problema que viene arrastrando Minotauro desde hace tiempo y que afecta sobre todo a los libros de Hendrix. Términos mal utilizados, frases mal construidas, traducciones inexactas y algunas que hacen sospechar del uso de un software y de poca corrección lastran, una vez más, la edición en castellano.

¿Me ha gustado algo de Vendimos nuestras almas? Sí, desde luego. El personaje protagonista Kris, me ha resultado encantadora y muy bien construida. La construcción del trasfondo del grupo ficticio, Dürt Würk, resulta muy interesante. Tanto que, quizás, si la novela se hubiera centrado en ello me hubiera gustado mucho más.

Es una lástima. Me encanta Grady Hendrix y me han encantado todas sus novelas. Y pienso que Vendimos nuestras almas tenía mucho potencial para ser la mejor novela de género sobre el heavy metal. Pero no creo que lo consiga. Igual que The Armaggeddon Rag, parece que el rock y la literatura cuestan de integrarse. No siempre nos pueden gustar todos los libros de nuestros autores favoritos. El próximo seguro que está mejor.

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