Carlos Márquez, catedrático de Arqueología de la Universidad de Córdoba y Instituto Arqueológico Alemán, comentaba ayer en una entrevista en ABC que “lo que no protejamos hoy está destinado a desaparecer”. Hablaba de la enorme riqueza arqueológica de Córdoba. Si bien estoy absolutamente de acuerdo en que hay que conservar el patrimonio, hay que mencionar que es un imposible.

Conservar toda la cultura que generamos es imposible

Todas las civilizaciones generan cultura. En la sociedad de la información tendemos a pensar en ella como contenido basado en datos (música, libros, películas) pero en el mundo de la arqueología la cultura tiende a ser algo más voluminosa que un disco duro, y bastante más pesada. Bajo los pies de miles de ciudades del mundo se hayan restos que se remontan a milenios atrás.

También hay una enorme cantidad de cultura inmaterial como las organizaciones sociales, los idiomas o las deidades que inventamos antes de que existiese la ciencia. Toda esta cultura está destinada a morir del mismo modo en que murieron las ciudades de antaño: con nuevas capas que fueron tapando lo que una vez estuvo allí hasta hacerlo desaparecer.

En el caso de la arqueología resulta ‘fácil’ indagar en el pasado. ‘Solo’ hay que excavar, en ocasiones no demasiado, para encontrar los tesoros del pasado. La arqueología digital es tan difícil como esta. La cultural es pura hipótesis y a menudo caminamos sobre arenas movedizas. No es fácil reconstruir el afecto de un pueblo por sus mitos.

Pero en todos los casos es importante puntualizar que los escasos restos que hayamos son una fracción de todo aquello que una vez hubo. Al igual que ocurre con las especies de dinosaurios, solo algunos individuos logran sobrevivir al paso del tiempo en condiciones suficientes que nos permitan admirar su belleza. El resto se pierde mucho antes de que pueda ser valorado para el futuro.

El grueso de la cultura, entendida en todas sus formas, es canibalizado por la cultura que precede a esta en una ‘danza de uróboros’ sin horizonte. El escaso resto que queda es estudiado con pasión siglos o milenios después, pero toca admitir que incluso estos restos tendrán una vida limitada. No se puede proteger todo el patrimonio del paso del tiempo. Es imposible. Su destrucción, inevitable.

Nos conformamos con salvar una fracción, guardar en imágenes digitales y escribir libros sobre la cultura a medida que pasan los años y perdemos piezas o son destruidas por las guerras, los robos o los descuidos. Hemos de enfrentarnos a la innegable verdad: todo el patrimonio cultural del que disfrutamos hoy en día está destinado a desaparecer. No hay espacio en el mundo para todo.

Pensémoslo con frialdad. Todo lo que hoy existe será considerado de un valor cultural incalculable dentro de 1000, 2000 o 10000 años. Pero no se puede guardar todo. Se almacenarán unos pocos libros, algunos juguetes, se conservarán algunos edificios y unos pocos barcos. Pero todo lo demás está destinado a la erosión. No se puede generar copias fiables de una civilización.

Si tuviésemos que conservar todos los edificios que alguna vez la humanidad ha llegado a construir, es posible que nos quedáramos sin espacio en algunos continentes. No hay espacio material, ni materiales suficientes como para realizar un backup. Cada año hay que elegir cuántos recursos asignar a qué piezas arqueológicas, a sabiendas de que negarlos podrá suponer su fin.

Conservar toda la cultura que generamos es imposible.

 

Imágenes | Micheile Henderson

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