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De la presencia apolínea a la presencia dionisíaca

Como afirmó en repetidas ocasiones, Jaime Gil de Biedma siempre prefirió para su obra la calidad antes que la cantidad. Es por ello que su antología se reduce a tres poemarios y algunos poemas anteriores: Compañeros de viaje (1959), Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968). A lo que a este ensayo respecta, bastará con destacar las características generales de cada poemario, así como fragmentos que expliciten la presente tesis. No obstante, el trabajo concluirá con el análisis estético del poema Contra Jaime Gil de Biedma que representa, a mi moderado e inexperto juicio, la consumación de su obra y la exaltación de su autor como genio lírico, figura del cual Arquíloco es el máximo representante en el contexto de la Antigüedad.

Ya se ha expresado anteriormente el gusto de Jaime Gil de Biedma por los elementos formales y la poesía entendida como representación figurativa. En su primer poemario Compañeros de viaje (1959), la presencia de Apolo reina sobre cada uno de los poemas que lo componen. Como indica James Valender en el Prólogo de su antología acerca de la crítica que recibieron sus primeros poemas, “fueron tachados de ejercicios fríamente formalistas”1. Sin embargo, la intención del poeta es relatar la historia de un «despertar», del paso definitivo de la juventud y su esencialismo dionisíaco a la madurez formal y reflexionada, en la que destaca la influencia apolínea. De esta manera, a pesar de la crítica, los poemas de Compañeros de viaje no carecen de contenido, si bien lo apolíneo es mucho más apreciable. Pongamos, como ejemplo, Vals del aniversario2.

[…] Todo es igual, parece
que no fue ayer. Y este sabor nostálgico,
que los silencios ponen en la boca,
posiblemente induce a equivocarnos
en nuestros sentimientos. Pero no
sin alguna reserva, porque por debajo
algo tira más fuerte y es (para decirlo
quizá de un modo menos inexacto)
difícil recordar que nos queremos,
si no es con cierta imprecisión, y el sábado,
que es hoy, queda tan cerca
de ayer a última hora y de pasado
mañana
por la mañana…

En esta primera etapa, el dolor que acompaña a Jaime Gil de Biedma se representa en forma de pesimismo existencial. Así, la esencia triste, dolida y desestructurada del poeta, es decir, lo dionisíaco, ya se hace visible desde sus primeras obras. Lo dionisíaco también se evidencia en su temática de la pasión amorosa y las escenas eróticas cuya sensualidad es desenfrenada. En sus ensayos literarios muestra desde un inicio un profundo espanto y horror por el mundo político y social que lo rodea. Sin embargo, tal y como Nietzsche destaca del arte dórico: “El griego conoció y experimentó las angustias y los horrores de la existencia: para poder vivir, tuvo la necesidad de la evocación protectora y deslumbrante del ensueño olímpico”3.  De esta manera, el mensaje pesimista y descontento se ve eclipsado por una belleza estética que emana de lo impecable de sus poemas, la luz de los recursos poéticos y el lenguaje utilizado. Valender hace entender4 que no debe confundirse su lenguaje coloquial con una expresión «natural», pues en un recurso cuidadosamente calculado y basado en una estilización estética del habla cotidiana.

En resumen, concluimos de esta primera etapa que Jaime Gil de Biedma se ve como un médium de la fuerza apolínea que destaca sobre lo dionisíaco, si bien este último no deja de estar presente. Es más, con el paso de tiempo Apolo irá cediendo terreno a Dionisio y esto re-articulará la obra poética del artista barcelonés.

A propósito, este triunfo paulatino de lo dionisíaco sobre lo apolíneo se ve representado en su segundo poemario Moralidades. En él queda representada la obra de mayor madurez artística de Jaime Gil de Biedma. Es en el conjunto de estos poemas donde se evidencia la mayor presencia apolínea que en Compañeros de viaje. De esta manera, parte de una experiencia concreta – a la par excitante y desmoralizadora, como la existencia misma – y hace de ella una especie de moraleja universal. Los poemas que se escriben en esta etapa cuentan con mayor carga narrativa que los anteriores. De este modo, experimenta con el lenguaje y sus aspectos formales para tratar de representar de manera más directa la fuerza de sus emociones y deseos dionisíacos sin prescindir, en ningún momento, del ensueño apolíneo. Así parece evidenciarlo el propio poeta en El juego de hacer versos5:

[…] Aprender a pensar
en renglones contados
–y no en los sentimientos
con que nos exaltábamos–,
tratar con el idioma
como si fuera mágico
es un buen ejercicio,
que llega a emborracharnos.
[…] El juego de hacer versos,
que no es un juego, es algo
que acaba pareciéndose
al vicio solitario.

De este modo, parece evidente que en Moralidades el dios Apolo comienza, paulatinamente, a hablar el lenguaje de Dionisio. El «vicio solitario» al que hace referencia es esa distancia necesaria que debe tomar el artista para embellecer mediante el ensueño la exaltación dionisíaca. Sin embargo, el poema que de manera más directa hace referencia a la lucha de lo apolíneo contra lo dionisíaco es Pandémica y Celeste6. En dicho poema, la referencia al amor se establece entre esta lucha: por un lado, el amor pandémico es el amor repleto de deseo desenfrenado propio de la fuerza dionisíaca, por otro lado, el amor celeste es una especie de cariño sereno, tranquilo y sosegado, peculiaridades propias del espíritu apolíneo. Así, el poema es un camino que oscila entre la visita al dios Apolo y, posteriormente, al dios Dionisio. La necesidad de expresar la realidad desesperante y dolorosa se vuelve, en la trayectoria de Jaime Gil de Biedma, cada vez más clara y urgente.

Depresión y fin de su carrera artística

Si para los griegos la dolorosa y trágica existencia encuentra su camino llevadero mediante el arte y la lírica, Jaime Gil de Biedma no consigue descubrir completamente el poder que tiene el arte de dotar de sentido a su lacerante existencia. De esta manera, el sufrimiento que acompaña durante toda su vida al poeta se evidencia en un inicio como una especie de tortuoso pesimismo, mas poco a poco se convierte en un sufrimiento casi total que converge en una flagelación y odio constante hacia su persona. De este modo, la realidad a la que debe sobrevivir Gil de Biedma se vuelve cada vez más latente y estrepitosa. Siente, como vocea en los Poemas póstumos, una lucha constante en su interior que destruye su yo metafísico y que sume al poeta en un vacío existencial completo. Este vacío será el pretexto de la depresión que sufrirá en los últimos años de su vida.

En cuanto a la estética de los Poemas póstumos, la lucha que sufre interiormente se evidencia también en las obras que lo componen. Lo apolíneo y lo dionisíaco se enzarzan en una lucha cada vez más violenta y difícilmente soportable para el artista. La vida nocturna y dionisíaca de Gil de Biedma es en este momento insostenible y las consecuencias que le producen son placenteras de manera instantánea, mas tortuosas en el recuerdo posterior. Como explicita en su poema No volveré a ser joven: “Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra”7. Así, lo dionisíaco representa, en este momento, la verdadera esencia de la Naturaleza Humana. La realidad en esta etapa es, como ya se ha dicho, estrepitosamente dura: los desenfrenos y exaltaciones no dejan de cesar en la vida del poeta y, en contraposición, esa vida tiene un final cada vez más cercano. Lo absurdo y contradictorio de la existencia es libremente representado en Poemas póstumos.

La presencia de Apolo no deja de ser hasta su muerte de gran importancia y significación. Como asegura James Valender: “lejos de ser paradigma de un poeta realista, con el tiempo Gil de Biedma llegó a incorporarse plenamente a la gran tradición simbolista”8. De este modo, la excesiva exaltación del espíritu dionisíaco obliga a la fuerza apolínea a sobreponerse, a recriminar al poeta la desmesurada permisividad que tiene con Dionisio. Así, será necesario el embellecimiento onírico de una realidad cruda y desoladora para que esta pueda ser a la vez inteligible y fenómeno estético.

Como ya habíamos adelantado, la batalla más brutal y titánica entre Apolo y Dionisio se da en el poema Contra Jaime Gil de Biedma9. En él se exalta la embriaguez dionisíaca a la vez que se muestra la censura apolínea. La desmesura de los versos, el versolibrismo y la composición son a la vez producto de lo dionisíaco y lo apolíneo:

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
¡Oh innoble servidumbre de amar seres humanos
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

En resumen, en esta obra el poeta necesita de una distancia prácticamente metafísica para poder embellecer con el ensueño apolíneo la fuerza dionisíaca que, por su grandeza, amenaza con destruir obscenamente toda concepción estética. En este poema se puede observar cómo el poeta asume un alter ego – práctica manida en su trayectoria – de aquél quien querría ser para condenar a quien irremediablemente es. Para ello la distancia necesaria la encuentra al sumirse en la perspectiva apolínea, desde la cual proyecta una ristra de reprimendas a Dionisio, adoptando, para ello, el lenguaje de este último. Lo dionisíaco encuentra una manera de expresar la cruda y dolorosa realidad que impera mediante el simbolismo de Apolo. Esto se evidencia mediante el uso de metáforas que representan la vida obscena y desmesurada de Jaime Gil de Biedma.

Puerta abierta a la reconciliación

En definitiva, se ha expuesto que el poema Contra Jaime Gil de Biedma representa la brutal lucha entre lo apolíneo y lo dionisíaco, en la cual ambos dioses comienzan a hablar el lenguaje de su opuesto. Nietzsche reconoce en El origen de la Tragedia que este fenómeno se materializa en el personaje de Arquíloco, con la creación de la poesía lírica. No obstante, este es el eslabón previo a la consolidación de la perfección del arte griego que se da mediante la tragedia ática. En este género Apolo y Dionisio se reconcilian y ambos ofrecen, de manera respetuosa, sus peculiaridades al otro; las cuales, al consolidarse, convergen en una obra de perfección estética. Sin embargo, este paso no se da sino después de la guerra más feroz entre ambos opuestos en la lírica de Arquíloco, que en este ensayo hemos vinculado a la última etapa de la trayectoria poética de Jaime Gil de Biedma, en sus Poemas póstumos.

Por lo tanto, el lector quedará a la vez defraudado y angustiado al no contemplar este paso en la obra de nuestro poeta. La reconciliación entre lo dionisíaco y lo apolíneo no se fragua en su poesía de la misma manera que tampoco consigue el poeta el entendimiento consigo mismo. Quizá fue su negativa a seguir escribiendo, al sentir que ya nada tenía que expresar, o quizá fue la muerte prematura por el sida la que impidió que Jaime Gil de Biedma escribiese una última obra reconciliadora donde se contemplase la presencia apolínea y dionisíaca, ambas tan presentes en su vida y su obra, de manera pacífica y mesurada. Por lo tanto, si debemos acogernos a la estética de Nietzsche no podremos hablar de la poesía de Jaime Gil de Biedma como una consumación estéticamente perfecta, aunque la lectura de sus poemas – a pesar de su no perfección estética – ofrezca al lector un goce y deleite inconmensurables. Por lo tanto, no podremos comparar al poeta barcelonés con el concepto nietzscheano de genio creador. Sin embargo, resultará inevitable considerar a Jaime Gil de Biedma como un genio poético y lírico, con las limitaciones propias de esta nuestra vida, tan alejada del onírico mundo de los dioses griegos.

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1(Valender 2012) p. 7
2(J. G. Biedma 2012) p. 83
3(Nietzsche 2013) p. 58
4(Valender 2012) p. 14
5(J. G. Biedma 2012) p. 176
6(J. G. Biedma 2012) p. 172
7(J. G. Biedma 2012) p. 194
8(Valender 2012) p. 9
9(J. G. Biedma 2012) p. 187

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BIBLIOGRAFÍA

Biedma, Familia y amigos de Jaime Gil de. 2010. Imprescindibles (23 de septiembre)
Biedma, Jaime Gil de. 2012. Las personas del verbo. Barcelona: Galaxia Gutemberg.
Nietzsche, Friedrich. 2013. El origen de la tragedia. Barcelona: Austral.
Valender, James. 2012. Prólogo a Las Personas del Verbo. Barcelona: Galaxia Gutemberg.

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